Que quede claro:

Algún día tendré un blog bonito. Lo juro por ésta.

martes 22 de noviembre de 2011

Reflexiones sobre los celos


La siguiente columna fue publicada en el número de abril de 2011.

No existe peor emoción que los celos. Las personas que sufren de celos se dividen en dos categorías: quienes reaccionan violentamente —ya sea con gritos, golpes o llanto y mocos— y quienes procuran que los celos no se sobrepongan a su capacidad de raciocinio. Estos últimos se la pasan mucho peor, porque entender racionalmente que los celos son irracionales no los hace menos punzantes. Así, quien piensa, “Qué pendejada que me esté sintiendo celoso”, no solo se siente celoso, sino pendejo. Más vale aventar el teléfono o romper un vidrio, para al menos mitigar un poco el berrinche.

Quienes confunden la ciencia con las tradiciones sociales opinan que la existencia de los celos demuestra que los seres humanos tenemos una predisposición a la monogamia. Sin embargo, los estudios antropológicos más recientes (léase Sex at Dawn de Christopher Ryan) demuestran que los antecesores del Homo sapiens, e incluso el Homo sapiens a lo largo de casi toda su historia, no practicaron la monogamia. Incluso ahora, en que se calcula que el 80% de los varones y el 40% de las mujeres casados tienen relaciones extramaritales al menos una vez a lo largo del matrimonio, es difícil aseverar que la monogamia es una práctica natural. Más probable es que la monogamia sea un acuerdo social y los celos una consecuencia del condicionamiento.

En un estudio reciente, se les preguntó a centenares de personas heterosexuales de edad universitaria cómo reaccionarían ante la infidelidad de su novio o novia hipotética. Los resultados echan una luz interesante a nuestra conversación: de todas las posibles variables (por ejemplo, si el engaño era aislado o repetitivo, o si era con una sola persona o con varias) la única variable que afectó los resultados significativamente fue la relacionada con el sexo de la persona con quien se practicaba el engaño. De acuerdo con el estudio, los hombres están mucho más dispuestos a perdonar a una novia infiel si esta los engaña con una mujer y no con otro hombre. En cambio, las mujeres están más dispuestas a perdonar a un novio infiel si este las engaña con otra mujer y no con un hombre.

La sicología evolutiva diría que el miedo de los hombres a que la novia tenga una “aventura” heterosexual tiene que ver con que su paternidad se ve amenazada, pero no explica por qué las mujeres “prefieren” que su novio las engañe con otra mujer a que las engañe con un hombre. Dada la edad de los participantes del estudio, es probable que la explicación de los resultados no tenga tanto que ver con la sicología evolutiva, sino que responda a la percepción que tiene la generación de adultos nuevos acerca de las orientaciones sexuales. Si un hombre se entera que su novia tuvo relaciones sexuales con otro hombre, cabe un 78 por ciento de posibilidad de que los celos aniquilen la relación. Sin embargo, solo un 50 por ciento de los hombres dijo que sentiría celos si su novia los engañara con otra mujer. ¿Por qué? Porque los varones de esa generación conciben el sexo lésbico casi como una travesura inconsecuente. Sin embargo, si una mujer se entera que su novio tuvo relaciones sexuales con otro hombre, es muy probable que deduzca que su novio es gay. Es también probable que esté en lo cierto.

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