Si acaso el cerebro común y corriente cambia y evoluciona durante la juventud de una persona, el mío debe haberse atrofiado por causa de la masturbarción. Desperté hoy con pensamientos sexuales, lo cual no es nuevo. Anoche fui a dormirme con pensamientos sexuales. En las últimas semanas he sufrido o he gozado de pensamientos obsesivamente sexuales: durante el trabajo, durante el ejercicio, durante las horas de descanso.
El huésped en mi cerebro es un pequeño adolescente que vive como si no existieran los ciclos, como si la primavera fuera perpetua.
No puedo escribir más. Tendré que recurrir al consabido remedio a corto plazo. Luego, si mi cerebro me deja, una o dos horas en el gimnasio.

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