Que quede claro:

Algún día tendré un blog bonito. Lo juro por ésta.

domingo 15 de agosto de 2010

México gordo


La siguiente columna fue publicada en el número de abril de 2009. He escrito en el pasado sobre el culo de Leonardo DiCaprio, sobre la dulce sodomía, sobre la cruel insensatez de la Iglesia y sus curas pedófilos; ninguno de mis textos, sin embargo, ha causado reacciones más violentas que éste. A más de un año de haberla publicado, aún recibo de vez en cuando e-mails rabiosos.

Curiosamente, "México gordo" corresponde a la categoría de textos escritos horas antes de la fecha de cierre: con urgencia, sin objetivo alguno de ofender a nadie (a diferencia de otros textos, que afilo con mucho cuidado e intención). Aún no me queda claro el porqué de tanto encabronamiento.


Aguardo mi turno en la sala de espera del médico. No me dio tiempo de comer. Sobre el escritorio de la recepcionista hay un frasco con caramelos. Pienso: “México es el segundo país más gordo del mundo”, que es lo primero que me viene a la mente cada vez que veo dulces, refrescos, donas, fritangas, tortas, tacos… en breve, cualquier cosa que uno pueda ingerir y que tenga más calorías que una lechuga. Hay días en que no pienso en otra cosa más que en la obesidad paisana. Voy por la calle pendiente de los gordos; de la forma particular que adquiere cada barriga durante el proceso de agrandamiento: unas acumulan grasa en rollos de carne concéntricos; otras se hinchan como balones para un deporte que aún no se ha inventado.

Tengo tanta hambre que considero comerme un caramelo, pero no es una consideración seria: hace cuatro años dejé de ingerir azúcar. A la par que aumenta la obesidad nacional, los trastornos alimenticios, antes casi exclusivos de las mujeres, son cada vez más comunes entre los gays: bulimia, anorexia, dismorfia, ortorexia. Mi trastorno alimenticio tiene dos fases: primero calculo el número de calorías de los alimentos; después imagino las consecuencias de su consumo. Por ejemplo, sé que un caramelo tiene veinticinco calorías: número relativamente modesto. Sin embargo, si me como un caramelo mientras espero al doctor, nada más porque tengo hambre, qué va a impedirme que me coma otro caramelo a la salida, cuando tenga aún más hambre. Una vez traicionado el propósito de no consumir azúcar, decidiría quizá comerme un helado, que es el postre que más echo de menos (trescientas cincuenta calorías). Luego, tal vez, un chocolate (quinientas calorías). Así daría inicio un proceso doloroso e imparable. Ningún hombre querría acostarse conmigo por causa de mi gordura, lo cual me haría comer aún más, para paliar la angustia. Tarde o temprano mi volumen sería tal, que no cabría ya por el marco de la puerta. Tendría que quedarme en mi cuarto. El noticiero de televisión enviaría un equipo de cámaras a filmarme en mi cama, toda llena de migajas y manchas de espagueti (trescientas calorías). Mi foto aparecería en los tabloides más corrientes, junto a fotos de bebés monstruosamente velludos, lo cual me mortificaría muchísimo. A los pocos meses moriría de angustia o de un ataque cardiaco, o tal vez asfixiado por una torta a medio masticar (ochocientas calorías).

Decido, por ende, no comerme el caramelo.

Finalmente me recibe el doctor. Me dice que estoy sano, que no tengo nada, que me vaya a mi casa.

6 comentarios:

  1. Me encanta la forma en qe escribes! Tienes mucha razon en la manera en que Te expresas! Saludos!

    ResponderEliminar
  2. haha! wow qe historia.. la vdd yo soy de los qe come a reventar! (amo comer) pero gracias a dioz tengo el metabolismo rapido por lo qe no engordo.. estoy flaco! °.° haha pero en fin.. buena anecdota! ya te sigo.. y de paso te invito a visitar mi blog! :)

    Un abrazo!

    ResponderEliminar
  3. Hey, Max, pues ya llegamos ambos a nuestros respectivos blogs, que equivale en el siglo XXI a ser amigos íntimos, jeje. Me he quedado leyéndolo casi todo y pude constatar tu vocación de editor. No se te va ni un error (por lo menos que yo hubiera visto), virtud que desafortunadamente no encontrarás en el mío, un poco por mi astigmatismo y otro poco por mi poca afición al detalle (a esos detalles, al menos).

    Un abrazo grande y saludos a Kyle,

    Rafa Barceló

    ResponderEliminar
  4. Un poquitín exagerado pero muy cierto.

    A ver si algún dia vemos que no podemos seguir en las mismas malas constumbres.

    ResponderEliminar
  5. jajaja muy bueno, no sé de qué se quejan >_>

    ResponderEliminar
  6. Gracias por tu visita, RuizNY.

    JR, con gusto visito tu blog.

    Mi buen Rafa: muy amables tus comentarios; inmerecidos.

    Un (Tipo) Cualquiera: pronto verás que no es la mesura lo que me caracteriza, sino la exageración. Desde chiquito.

    regen ende: hay quien tiene la barriga sensible. Yo también soy uno de esos.

    ResponderEliminar