El 14 de abril cumplo cuarenta años.
En mi vida adulta no he organizado más que dos o tres fiestas porque aún cargo conmigo el temor infantil de que nadie va a asistir. Ya no soy el niño rarito sin amigos; el niño que escribía poesía a escondidas y se sabía maricón, aunque le faltara el vocabulario para describir y entender su sexualidad. Más bien, ahora vivo en un mundo en que el mismo niño rarito y maricón es aceptado y muy querido, en parte porque varios de sus amigos son, a su vez, raritos y maricones: unos escriben poemas, otros practican la sodomía.
Por algún motivo más o menos arbitrario, la gente sufre o celebra la inauguración de las décadas nuevas. Yo no soy la excepción. A pesar de que a esta edad tengo una habilidad física óptima —o al menos superior a la que he tenido en toda mi vida— con frecuencia se me ocurre, por ejemplo, que ya se me fue la mitad de mi existencia. Aunado al hecho de que estoy por cumplir cuarenta años está el factor de que mi papá murió hace unos catorce meses: la realidad de la muerte —de mi propia muerte— ha sido mi compañera cotidiana desde el día en que intenté resucitarlo y no pude.
Aunque podría hacer el intento de sobreponerme al miedo de descubrir que nadie tiene interés en venir a mis fiestas, aunque podría organizar una fiesta y demostrar de una vez por todas que mis amigos me quieren a pesar de ser rarito y maricón —o precisamente porque lo soy—, en vez de una fiesta decidí celebrar mi cumpleaños con mi participación en un evento deportivo llamado “ultramaratón”, que en este caso consiste en una carrera de ochenta kilómetros; es decir, casi el doble de un maratón común y corriente.
No es coincidencia que justo este año haya decidido someter mi cuerpo a un régimen físico improbable (hoy, por ejemplo, me toca correr treinta kilómetros y mañana cuarenta). Hay quienes cumplen cuatro décadas y se buscan un(a) amante más joven o se compran un coche deportivo que los hace verse ridículos. Yo, en cambio, voy a correr un ultramaratón, no porque sea un festejo más laudable, sino porque las otras opciones no me son viables: ya tengo una pareja más joven que yo y no tengo los fondos para comprarme un coche deportivo (ni tengo interés alguno en los coches deportivos).
Como sea, si de casualidad están por estos rumbos el 14 de abril de este año, consideren la posibilidad de organizarme una fiesta y asegurarse de que asista un número considerable de gente. Conozco un niño rarito y maricón que se sentiría muy agradecido.

Jjajaaj, Mr., yo iría a tu fiesta a conocer raritos, jajajja, pero no te acompañaría en la carrera, sorry! la vería desde las aceras para vitorearte por el mérito que tiene el atletismo amateur y así celebrar que son cuarenta, sumando, mejor que restando o estancados. Felicidades por la ilusión, sea como sea, y se festeje como se festeje.
ResponderEliminarLADY JONES
Wow! No puedo correr ni a la esquina... ya no digamos 80Kms!
ResponderEliminarOh, una fiesta sorpresa. Yo nunca he tenido una y tiene que ser algo genial, la verdad... Es una buena llamada a que te la hagan...
ResponderEliminar80 Kilometros???? que horror, que cansancio, no podría ni con... uf, ni pensarlo jejej
Un beso cielo
Uff! Los hombres de 40 son tan sexys! Mi niñito rarito y maricón yo encantado iría a tu fiesta de cumpleaños!!! O a verte correr!!! Que maravilla! A mí los deportes no se ma dan, coincido con Alex Cerati, ja ja ja
ResponderEliminarYo en septiembre cumplí 30 pero no pude celebrarme como me mererzco (ja ja ¿Qué tal?) Me debo a mi mismo mi fiesta. :D
Como sé que no andaré por aquellos rumbos esos días te adelanto tu abrazo rarito.
ResponderEliminarY te deseo suerte en la competencia.
Trabajar por amor al arte... siempre y cuando nadie haga dinero con mi arte.
Saludos raritos y maricones. XD
uuh, sí!! abrazo adelantado-atrasado!!
ResponderEliminarPrimero que nada...happy late bday!!!!!! Espero que si te hayan hecho una fiesta espectacular...y saques uno de tus traumas infantiles....no te preocupes que todos tenemos uno...
ResponderEliminarCuriosamente en mi colegio el niño "maricón" era el que tenía un éxito social impresionante...no sólo se rodeaba de la niñas más wapas de otros colegios(el mio no era mixto) sino de la gente más cool de nuestra edad...sus fiestas eran impresionantes...una temática diferente cada año...su mamá era de las que dedicaba tres meses a organizar la fiesta...y era una tragedia el no ser invitado(cosa que nunca pasó por fortuna para mi autoestima)...echando un vistazo atrás al wei se le notaba lo gay de lejos, sin embargo nunca dejó de estar rodeado del equipo de futbol...
A lo mejor Max fuiste a la escuela equivocada o no entendieron lo especial que eres...o no le pudiste dar s tus compañeros lo que el buen Diego les daba(bueno es lo que cree mi mente sucia y cochina =P)
Las fiestas no son para disfrutarlas uno, están hechas para los cuates...es para celebrar un año más de vida y compartirlo con quien te importa...Así q nunca dejes de celebrar un cumpleaños que con el mundo como está, un año más es ganancia.Te apuesto a que sean pocos o sean muchos, poco importa, pero ten por seguro que será la gente que daría hasta lo que no tienen por tí...
40? ammm...a mi me gustan de tu edad...desde los 35 hasta los 45 están en el momento más rico...tienen esa madurez y estabilidad que los weyes de 20 con cuerpos perfectos, sin poblemas de calvicie, erección o de aguante no tienen...
Así que te valga madre y si puedes correr 80 kms venga que no tienes nada que pedirle a un wei de 20...al contrario...
un abrazo bien fuerte