Tuve la suerte de haber nacido en una familia bastante liberal. En alguna entrega pasada mencioné la hemeroteca pornográfica que fue para mí y mis hermanos fuente inagotable de felicidad durante nuestras respectivas pubertades. Sin embargo, la educación sexual de cada uno de nosotros comenzó mucho tiempo antes, por ahí de los siete u ocho años, y estuvo siempre a cargo de mi mamá. En mi caso dio inicio una tarde cualquiera en que estábamos viendo un comercial en la tele. Sin dejar de sonreírle a la pantalla, la mujer del comercial le echaba tinta azul a una “toalla femenina” para demostrar los poderes absorbentes del pañalito.
—¿Sabes para qué son los Kótex? —me preguntó mi mamá de golpe. Sin aguardar una respuesta, comenzó a describirme en detalle los procesos de menstruación, ovulación, gestación, dilatación, parto y otras historias espeluznantes que hasta hoy en día me causan pesadillas.
Menos repugnante fue la novelita que descubrí en el supermercado por esas mismas fechas. Mientras mi mamá hacía las compras, yo me iba a la sección de libros a buscar mi novela favorita. Se llamaba Calígula y estaba basada en una película seudopornográfica muy controvertida: mis papás y mis tíos la discutieron una tarde sin haberla visto jamás y sin saber que yo los escuchaba escondido detrás del sofá.
En la novela, el emperador Calígula, quien se cree primero hijo de los dioses y más tarde un dios mismo, seduce a su hermana, viola a una infinidad de doncellas, festeja sus triunfos con orgías, practica el bestialismo con un caballo y sodomiza brutalmente a un militar bravísimo cuyo nombre hasta la fecha recuerdo, quizá porque me pareció de lo más apropiado: Próculo.
Cada vez que íbamos al súper, mi mamá me dejaba en la sección de libros y yo fingía interés por los cómics de Ásterix, hasta perderla de vista. Luego hurgaba bajo una pila de libros, daba con mi novela y leía boquiabierto unas cuantas páginas al tiempo que mi cabeza se llenaba de imágenes improbables que, sin embargo, años después encontraron eco en El jardín de las delicias de El Bosco. Cuando mi mente no daba para más confusión, cerraba la novela, la ocultaba bajo la pila de libros y me iba a buscar a mi mamá al departamento de verduras.
—Estás muy callado, ¿te pasa algo?
—No, nada —respondía—. ¿Para qué quieres ese pepino tan grande?
En sexto de primaria comenzaron nuestras clases formales de educación sexual en el colegio. Ya para entonces sabía yo más acerca de las complejidades del sexo que la maestra misma, quien señalaba las gráficas de los genitales con un dedo nervioso y bajaba tantito la voz para decir “pene” o “vulva”. Por fortuna, jamás se me ocurrió ofrecerle a mis compañeros de clase mi versión más elocuente de los pormenores de la sexualidad humana (y equina). Quizá ya de adultos me lo habrían agradecido, pero dudo mucho que en aquel entonces hayan tenido la madurez y sofisticación necesarias.

Jajaja!! Me meo, con la respuesta, cuando le pregunta, que va a hacer con el pepino, jajaja!
ResponderEliminarEs que, yo no imagino las cosas, las veo! Jajaja!! Vaya tela, que nos salió espavilao el niño!! Ay! lo que es la vida, eh!?
Muy bueno!!
Saludos! (Jajaja)
jajaja, anda que tu tbm, preguntarle eso a tu madre.. Pues tuvisteis suerte, porque en mi casa el sexo jamás se habló, es más, hasta estuvo un poco vetado, y así paso lo que paso.
ResponderEliminarUn besoo cielo
Hahahaha si, es horrible la plática de la menstruación o del parto...
ResponderEliminarAhora no entendí lo del pepino...
Rodrigo Ernesto de C.
jajajaja
ResponderEliminarme encantó!
Sí, recuerdo haber leído cuando escribiste de Próculo en la revista.
ResponderEliminar¡Bastante precozito mi querido Max! A mí no me interesó el sexo hasta que tuve 14 años. :P
(too old?) Ahora me dan celos que te comenten tantos. Recuerdo cuando sólo eramos tu y yo. JI JI JI.
Sabía que no era la única! Te entiendo tan bien... En mi caso, mi madre es médico, asi que no perdía tiempo para enseñarme sobre sexualidad.
ResponderEliminarTodo mi culpa por haber querido imitar a los niños de las películas que dejaban a sus padres mudos cuando preguntaban de donde venían los bebés.
Saludos!
Pedro, Alex: Explíquenle a Rodrigo lo del pepino.
ResponderEliminarMuchas gracias, Regen_ende.
Augusto: Que no te den celos; siempre te recordaré por haber sido quien le quitaste la virginidad a mi blog.
Kuri: Eso de tener padres de mentalidad avanzada es un arma de doble filo, ¿no?
Jajajaja!
ResponderEliminarFíjate ue nunca la he leído pero me la han recomendado...
Sobre la situación en mi casa, yo solía bromear con mis amigos de la uni cuando íbamos a hacer proyectos: "Bienvenidos a la casa X donde nadie sabe lo que es el sexo".
Creo que mis papás ya se las olían, pero hasta ahora me salvado de darle "la plática" a mi papá.
Alex: Ya no tienes excusa alguna para no leer mi columna. Qué bien que te la hayan recomendado.
ResponderEliminar¿No le has dicho a tu papá que eres gay? No te envidio.
Me has hecho muy feliz! :D
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