Que quede claro:

Algún día tendré un blog bonito. Lo juro por ésta.

miércoles, 30 de diciembre de 2009

Sabroso racismo



Había olvidado la existencia de los Negritos. Me encontré éste en una tiendita en México y me cagué de risa. Es la cosa más racista del mundo, aunque ya hayan cambiado la envoltura que usaban cuando yo era niño (la imagen de un niño africano semidesnudo, con los labios gigantescos y un hueso sobre la cabeza). La envoltura del Negrito que encontré muestra al Osito Bimbo fajándose a un muñeco de nieve (o escondiéndose detrás de él, no estoy seguro). Me pregunto qué envoltura usarán el resto del año.

Si mal no recuerdo, los Negritos son básicamente panes para hot dog cubiertos de chocolate: están, incluso, abiertos a la mitad, pero no tienen relleno. Es increíble que una golosina tan corriente haya sobrevivido tantas décadas.

Otro cliente satisfecho


No sé cada cuándo tengan pensado renovar la sección de mi columna en el sitio de la revista en línea. Las columnas que tienen publicadas son de hace varios meses y ninguna de las dos me parece particularmente buena (todos mis textos dejan de entusiasmarme a la semana de haberlos escrito).

Hoy descubrí una segunda nota encabronada a raíz de mi columna “México gordo”, en la que hablo sobre mi trastorno alimenticio y en la que menciono —sólo de paso— que México es el segundo país más obeso del mundo. He aquí la nota (cito verbalmente):

"1. eres un imbecil!!!

Buscando referencias de un bar en la zona rosa, tuve la desgracia de toparme con esta columna, verdaderaemente es una pena que tu tambien seas gay, eres un perfecto IDIOTA... tu no puedes ni debes juzgar porque razones la gente tiene sobrepeso no es solamente por comer, pedazo de idiota, deberias terminar la primaria, leer algo mas que los panfletos gay y medir la manera como escribes, si a esto se le llama escritura....."

Antes de empezar este blog decidí que no me metería en pleitos absurdos con sus lectores. (Un contraataque fácil: señalar la ironía de que se me acuse de no haber terminado la primaria mediante un comentario plagado de faltas de puntuación y ortografía.) Lo mismo hago con la correspondencia electrónica que recibo a raíz de mi columna: si el e-mail invita al diálogo inteligente, suelo contestarlo; si, por el contrario, pretende sólo insultarme, lo borro inmediatamente.

Por buey contesté al comentario anterior sin aguardar cuando menos un día. Las primeras dos oraciones de mi respuesta son justas e invitan al diálogo: si tuviera la oportunidad de editar mi respuesta, las dejaría intactas. La tercera y última oración, sin embargo, no busca más que encabronar (a manera de venganza) a quien me dejó el comentario. Ojalá pudiera retractarme, pero no tengo forma de hacerlo. He aquí mi respuesta:

"No voy a defender aquello de "imbécil" e "idiota", porque no niego serlo. Sin embargo, dime en qué momento dije yo que la sobrealimentación es la única causa de la gordura en México. Siento mucho haberte tocado la lonja por accidente."

Intentaré ser más ecuánime en este foro.

martes, 29 de diciembre de 2009

Esposo, acostón, amigo, muerto


Gracias por sus comentarios. Me da gusto anunciar que este blog tiene ya 3 (tres) lectores: tres (3). Ya con eso amerita su publicación.

En otras noticias:

Fui al Tom's durante mi estancia en el DF. Qué lugar más estupendo. Recuerdo cuando lo abrieron hace unos quince años: era un lugar oculto, clandestino, a pesar de su ubicación en Insurgentes; apenas tenía decoración alguna, como no se tratara de las pesadas televisiones que transmitían películas porno. El cuarto oscuro de atrás estaba demarcado por una cortina pesada; era imposible ver un carajo y apestaba fuertemente a orina.

Ahora, afuera del Tom's te reciben con valet parking. La decoración interior es de un kitsch glorioso: banderas, pinturas de hombres desnudos, escudos de armas... Las películas porno se ven ahora en pantallas planas de alta definición y las máquinas de humo trabajan incesantemente. El cuarto oscuro de atrás tiene un muro de vitroblock; es imposible ver un carajo y apesta fuertemente a orina.

Fui con mi amigo Daniel y nos la pasamos muy, muy bien. En el antro nos encontramos a su amigo Omar y a su pareja (la pareja de Omar, no la de Daniel). Creo que se llama Víctor. Jugamos un rato a "esposo, acostón, amigo, muerto", que consiste en escoger a cuatro personas del antro: uno con el que te casarías, otro con el que cogerías una noche, otro del que te harías amigo y uno al que matarías. (Para quien le interese el juego, las reglas exigen que uno escoja sólo a desconocidos. También, por fuerza, deben elegirse cuatro personas distintas; es decir, no puede la misma persona satisfacer dos actividades.)

Me dio gusto ver, cuando fui al baño, que desperté cierto interés en los concurrentes. Aunque no iba con la intención de ligar, me causó placer que dos personas me agarraran las nalgas mientras orinaba (con los pantalones subidos). Siempre da gusto inspirar maniobras lascivas en la gente. "No, gracias", les dije. Les iba a desear un feliz año, pero al instante decidí que el baño del Tom's no es el mejor sitio para ponerse cursi.

martes, 22 de diciembre de 2009

Declaro la guerra en contra de...


Cuesta trabajo creerlo, pero ayer se legalizaron en el Distrito Federal —en mi Distrito Federal— el matrimonio gay y la adopción por parte de parejas del mismo sexo.

En los cinco años que llevo escribiendo mi columna, ambos temas han salido a colación repetidas veces de la manera más previsible: como queja. Me quejé de que en un país con tanto huérfano no se autorizara la adopción por parte de parejas capaces y dispuestas, y me quejé (tras un periodo prolongado de exaltación) de que las uniones civiles ofrecieran sólo las responsabilidades del matrimonio y casi ninguno de sus privilegios. Me cuesta trabajo creer que esas notas se hayan vuelto extemporáneas tan pronto.

Esta mañana fui a desayunar con mi amigo Rodrigo. (Rodrigo fue quien me sugirió que para el número de diciembre escribiera algo sobre la relación entre los gays de México y la Virgen de Guadalupe.) Le explicaba a Rodrigo que aún no tenía claro cómo mencionar el suceso de ayer en el número de febrero, ya que para entonces se habrá dicho todo lo que tenga que decirse. Durante la conversación salió al tema cierto comentario del cardenal Norberto Rivera. Al instante supe cuál será el enfoque de mi columna.

En el número de diciembre le declaré la guerra (de manera clara, pero timorata) a la Iglesia Católica. En febrero me lanzaré al ataque con un poco más de bravura.

viernes, 18 de diciembre de 2009

Para hacerles cosquillas


La siguiente columna fue publicada en el número de octubre de 2005.

En los últimos cinco años han proliferado en Estados Unidos los programas de televisión con personajes homosexuales. Desgraciadamente, la mayor parte de los mexicanos no tienen acceso a los mismos (me refiero a los programas de televisión, no a los homosexuales), ya sea porque carecen de los sistemas operativos necesarios para ver programas de otros países o porque las cadenas de televisión mexicanas eligen no transmitirlos doblados al español. Me parece una desgracia no tanto porque los programas sean excelentes, sino porque contribuyen en cierta medida a la normalización social de la gente gay. Nótese que dije “en cierta medida”: con raras excepciones, los programas estadounidenses que incluyen personajes homosexuales pertenecen al género de la comedia; género que, en ese país, se reduce con frecuencia al humor que generan los accidentes con cáscaras de plátano.

Hace muchos años me dijo una tía (con aire liberal y cosmopolita): “A mí no me molesta ver películas con homosexuales chistosos, pero no soporto a los maricones dramáticos”. Me imagino que igual piensa la mayor parte del mundo heterosexual: siempre y cuando nos presenten en la pantalla dando gritos y brinquitos —es decir, siempre y cuando seamos objeto de ridículo— los heterosexuales están dispuestos a aceptarnos (aquí estamos para hacerles cosquillas), pero en la medida en que descubren que nuestras vidas se asemejan a las de ellos —sexo, amor, pleitos, corazones partidos— el Kool Aid se les achica del espanto.

Así, no es que los personajes gay en los programas de Estados Unidos sean del todo representativos de nuestras vidas, pero al menos constituyen un paso en la dirección acertada: la gente reconoce nuestra existencia y abundancia, aunque sea a través de los filtros del jajajá. Tarde o temprano, preveo, los personajes homosexuales proliferarán asimismo en la televisión mexicana, aunque en su mayor parte el contexto en el que aparezcan sea del humor oligofrénico tipo Chespirito.

El mundo cambia a velocidades estupendas. Cuando yo era chico, los únicos personajes homosexuales de la televisión estaban perfectamente velados, al punto que sólo otros homosexuales podían reconocerlos como sus semejantes. Dos parejas ejemplares me vienen a la mente. La primera es Batman y Robin: varones adultos, solteros, viriles y de buen ver que vivían juntos por motivos que nadie en el programa discutía, y que a puerta cerrada se ponían medias entalladas y modelitos de poliéster. La segunda pareja era todavía más encantadora: Beto y Enrique de Plaza Sésamo, cuyo único objetivo era mostrarle al mundo que la vida doméstica de las parejas gay es igual de aburrida que la de los heterosexuales, y cuyas conversaciones de superficie pedagógica ocultaban una relación amorosa como pocas. ¿Transmiten todavía este programa por televisión? Cuánto los echo de menos.

miércoles, 16 de diciembre de 2009

Comentarios


Aún la sección de comentarios de este blog permanece virgen. Sé que dos personas ya dieron con él. Más bien, sé que dos personas vinieron a mi blog como consecuencia de un pequeño anuncio que puse en un sitio de ésos a los que va la gente en busca de sexo o, cuando menos, de fotos de hombres desnudos. En el espacio en el que uno debe escribir una descripción física y sus intereses sexuales, yo puse, en cambio, una notita con respecto a este blog.

Unas semanas antes había incluido una referencia a mi columna en el espacio ése que es para otras cosas. Puse (cito de memoria): “Si vives en México puedes leer mi columna en la revista Dónde ir”. Aún así, varias personas respondieron a mi nota preguntándome cómo se llama la revista en la que publico mi columna. En todo el espacio no había escrito yo más que dos o tres oraciones, incluyendo la que menciona a la revista. De todas formas, hubo quienes se cansaron a media oración y sólo leyeron “Si vives en México puedes leer mi columna”, por lo que luego se vieron obligados a pedirme el nombre de la publicación. Dicho fenómeno no habla bien de los hábitos y las técnicas de lectura de mis compatriotas. Lo que es peor, me hace pensar que nunca nadie se va a tomar la molestia de leer este blog.

Como sea, voy a dejar la notita aquélla con la esperanza de que la publicidad atraiga eventualmente a más personas. Sin lectores, este blog es inútil. No voy a fingir que lo escribo para entretenerme o por amor al arte.

Sé, porque me lo dijeron, que dos personas al menos han venido a visitarlo. La primera persona se hace llamar P__ y se anuncia como bisexual en el sitio aquel que es para sexo. Una noche nos conocimos y conversamos en línea un buen rato. (No voy a describir nuestra conversación en detalle, al menos por ahora.) Mientras conversábamos, P__ buscó mi nombre en Google y dio, sorprendentemente, con este blog. Ese evento me dio la idea de anunciar el blog en el sitio aquél, junto con la nota que promociona a mi columna.

Hace un par de días, en el mismo sitio, alguien más me escribió para decirme que las coordenadas de mi blog estaban equivocadas; quería, asimismo, las coordenadas correctas. Se las di, verificó haber dado con el sitio, y nunca más volví a saber de él. ¿Lo leyó completo? ¿Leyó una oración y le dio hueva? ¿Consideró siquiera dejarme un primer comentario?

Como sea, en el número de enero de la revista saldrá la primera nota —una nota ínfima— con respecto a la inauguración de este blog. Si mi columna tiene lectores, quizá algunos se animen a visitar esta página. Quizá, incluso, les despierte un poco de lástima y se animen a dejarme un comentario.

martes, 15 de diciembre de 2009

En defensa de la basurita


Debo decir que, en defensa de mi texto (la "basurita" abajo mencionada) y sin necesidad de que yo interviniera, alguien más le dejó una notita al crítico: "La típica ardida". Ojalá —para solaz mío y de mi autoestima— mi defensor se hubiera explayado un poco: ¿ardida por qué?

viernes, 11 de diciembre de 2009

La técnica perfecta


Antes de que la aerolínea lo contratara, Kyle trabajaba en un The Gap. Como consecuencia, sabe doblar las sudaderas con cachucha con una técnica estupenda, que consiste en enrollar el torso de la sudadera para luego envolverlo y sujetarlo con la cachucha misma, creando así un paquete de algodón perfecto. Es, ya lo dije, una técnica genial.

Tengo, cuando menos, cinco sudaderas de esta índole. Una es gris y tiene las mangas desgastadas de tanto uso. La compré hace diez años cuando menos. Recuerdo que un ex novio la olvidó alguna vez en casa de un tipo con quien me puso el cuerno —la noche misma en que me lo puso—, pero afortunadamente la recuperó dos días más tarde. Es una sudadera cargada de recuerdos, no todos positivos.

Años más tarde compré otra sudadera gris, idéntica de no ser porque el tiempo apenas la ha marcado. Me gusta menos que su antecesora; es una prenda sin mucha personalidad.

Colgada de la parte interior de la puerta del clóset tengo una sudadera azul marino que sólo uso para ir y venir del gimnasio. A veces huele a sudor porque no la lavo muy seguido. No es un olor que me moleste; por el contrario, me hace pensar en los frutos del ejercicio energético.

Otra sudadera, también azul marino, dice “14th & Dolores”, que alguna vez fue mi dirección en San Francisco: un estudio sensacional en el que apenas viví un año, para luego mudarme al departamento de Fillmore St con mi amiga Christina. Esta sudadera pasará a ser mi favorita cuando la primera que mencioné, la gris con las mangas desgastadas, haya dejado de existir.

Finalmente, tengo una sudadera roja con amarillo que me gusta mucho pero que rara vez me pongo porque no se me ve tan bien como yo quisiera. La compré el año pasado. Cuando llegue la primavera veré qué tal se me ve con shorts, ya que con jeans la combinación no es muy afortunada.

Hace más de un mes que no veo a Kyle. Esta noche nos vamos a encontrar en Dallas. Se trata de un viaje más o menos espontáneo. No teníamos pensado vernos ya sino hasta su regreso de Oklahoma en enero, pero hace unos días decidimos que la espera era demasiado larga. Lo que más echo de menos es tenerlo a mi lado al momento de irme a dormir.

Quizá le pida en este viaje que me enseñe a doblar mis sudaderas. En verdad que su técnica es maravillosa, adorable, perfecta para mí.

jueves, 10 de diciembre de 2009

Roce con el king of the world


La siguiente columna fue publicada en el número de abril de 2008.

En un vuelo que tomamos mi pareja y yo el domingo pasado, nos tocó sentarnos al lado de Leonardo DiCaprio. En realidad fue mi pareja quien se sentó a su lado (como es piloto, la aerolínea le concedió el privilegio), pero mi lugar estaba en la misma fila, tres asientos a la derecha. Desde ahí pude observarlo ininterrumpidamente las cinco horas que duró el vuelo. Al final del viaje me dolían los ojos por falta de pestañeo.

Mi pareja y yo fingimos ambos tener dignidad y nos esforzamos por mantener la compostura a lo largo del vuelo. Sin embargo, al bajarnos del avión, ya en privado, comparamos nuestras observaciones para capturar en detalle el evento y luego narrárselo a todos nuestros conocidos. Al tiempo que recapitulábamos los pormenores, poco nos faltó para dar brinquitos de la emoción, demostrando una vez más que los gays tenemos corazón de quinceañera.

Como no basta esta revista entera para describir el encuentro, me limitaré a reportar los momentos más significativos en orden cronológico:

Leonardo trae puesta una cachucha de beisbol y unos pants deportivos de gamuza gris (horrendos). Antes de despegar, Leonardo se toma una foto con su BlackBerry y se la envía a alguien (destinatario desconocido). Leonardo saca de abajo del asiento una bolsa de papel estraza de Burger King; se come una hamburguesa a grandes mordiscos y se la traga casi sin masticar; más tarde se come las uñas. Leonardo lee el guión de una película que se llama The Firm —igual que la de Tom Cruise— y repite el diálogo en voz baja. Leonardo pide un filete de atún y un refresco de limón. Leonardo enciende su computadora y ve un fragmento de un documental que mi pareja no consigue identificar. Clímax: Leonardo se levanta al baño; al pasar delante de mi pareja se le levanta un poco la chamarra de gamuza; usa calzones de The Gap; no se le ven las pompas por ningún lado. Leonardo se quita la cachucha antes de reclinar el asiento para dormirse; el pelo ha adquirido la misma forma de la cachucha, lo cual le da un aire ligero de oligofrénico. Leonardo se queda dormido un rato; no ronca. Cuando se despierta, mi pareja se atreve a hablarle por vez primera, fingiendo aún indiferencia: le ofrece un chicle; Leonardo lo acepta. Al tiempo que observo a Leonardo meterse el chicle en la boca, pienso: “Yo compré esos chicles”, y se me ocurre que es casi como si lo estuviera besando en la boca.

Cuando aterrizamos y estamos en proceso de desabordar, calculo los pasos de la gente para que Leonardo y yo lleguemos a la puerta del avión al mismo tiempo, pero por distintos pasillos. Lo dejo pasar antes de mí. Como no levanta la vista ni me da las gracias, pienso: “Pinche actor de mierda; ni que fueras Brad Pitt”.

lunes, 7 de diciembre de 2009

Basurita


Hoy entregué mi columna de enero. Es sobre Facebook y cierto programa que desarrollaron dos alumnos del MIT para adivinar la orientación sexual de una persona con base en su lista de amigos.

Andrés, uno de los editores de la revista, me sugirió que actualizara mi foto y mis datos. Tengo que acordarme de tomarme un retrato cuando haya luz del día, que en el invierno de Boston es muy escasa.

Descubrí hace unos días que en la página de Internet de Dónde ir han publicado algunos de mis textos, aunque hace tiempo no actualizan la sección. Le eché un ojo a los dos textos más recientes que tienen ahí puestos. En uno de ellos, "México gordo", alguien me dejó un recado.

"Échale ganitas amigo, desde hace 3 meses que tus columnas dejan mucho que desear....tu homosexualidad (y los estereotipos que a ésta acompañan) no justifican la basurita que estas publicando…. (o por lo menos no en la forma que lo has estado haciendo)."

Me gusta cuando la gente me escribe, aunque no sea por amor a mis textos.