La siguiente columna fue publicada en el número de octubre de 2005.
En los últimos cinco años han proliferado en Estados Unidos los programas de televisión con personajes homosexuales. Desgraciadamente, la mayor parte de los mexicanos no tienen acceso a los mismos (me refiero a los programas de televisión, no a los homosexuales), ya sea porque carecen de los sistemas operativos necesarios para ver programas de otros países o porque las cadenas de televisión mexicanas eligen no transmitirlos doblados al español. Me parece una desgracia no tanto porque los programas sean excelentes, sino porque contribuyen en cierta medida a la normalización social de la gente gay. Nótese que dije “en cierta medida”: con raras excepciones, los programas estadounidenses que incluyen personajes homosexuales pertenecen al género de la comedia; género que, en ese país, se reduce con frecuencia al humor que generan los accidentes con cáscaras de plátano.
Hace muchos años me dijo una tía (con aire liberal y cosmopolita): “A mí no me molesta ver películas con homosexuales chistosos, pero no soporto a los maricones dramáticos”. Me imagino que igual piensa la mayor parte del mundo heterosexual: siempre y cuando nos presenten en la pantalla dando gritos y brinquitos —es decir, siempre y cuando seamos objeto de ridículo— los heterosexuales están dispuestos a aceptarnos (aquí estamos para hacerles cosquillas), pero en la medida en que descubren que nuestras vidas se asemejan a las de ellos —sexo, amor, pleitos, corazones partidos— el Kool Aid se les achica del espanto.
Así, no es que los personajes gay en los programas de Estados Unidos sean del todo representativos de nuestras vidas, pero al menos constituyen un paso en la dirección acertada: la gente reconoce nuestra existencia y abundancia, aunque sea a través de los filtros del jajajá. Tarde o temprano, preveo, los personajes homosexuales proliferarán asimismo en la televisión mexicana, aunque en su mayor parte el contexto en el que aparezcan sea del humor oligofrénico tipo Chespirito.
El mundo cambia a velocidades estupendas. Cuando yo era chico, los únicos personajes homosexuales de la televisión estaban perfectamente velados, al punto que sólo otros homosexuales podían reconocerlos como sus semejantes. Dos parejas ejemplares me vienen a la mente. La primera es Batman y Robin: varones adultos, solteros, viriles y de buen ver que vivían juntos por motivos que nadie en el programa discutía, y que a puerta cerrada se ponían medias entalladas y modelitos de poliéster. La segunda pareja era todavía más encantadora: Beto y Enrique de Plaza Sésamo, cuyo único objetivo era mostrarle al mundo que la vida doméstica de las parejas gay es igual de aburrida que la de los heterosexuales, y cuyas conversaciones de superficie pedagógica ocultaban una relación amorosa como pocas. ¿Transmiten todavía este programa por televisión? Cuánto los echo de menos.

¡Que padre esta tu Blog Max! Tienes razón Batman y Robin son super hot pero Beto y Enrique son super adorables. Espero que los personajes de mi comic no solo sirvan para hacer "cosquillitas" a los bugas, tendré que trabajar en ello!
ResponderEliminar¡Mi primer comentario! Muchas gracias, Augusto. Me hiciste muy feliz.
ResponderEliminarEl problema es que en México no hay un estereotipo deseable del hombre gay. La mayoría son ridículos o deprevados.
ResponderEliminar1.-La amiga jota de la protagonista de novela que se queda sola cuando no es la confidente de la misma.
2.-El violador de niños que lo etiquetan como gay, siendo pederasta(cosa totalmente diferente).
3.-El que es gay por culpa de una violación.
4.-El gay que se muere de SIDA.
5.-El gay que sufre aterrado y que es acosado por sus compañeros y que crece traumatizado y reprimido.
6.-El gay que le vale madre todo y cuyo único objetivo en la vida es encontrar el pene más grande, grueso y peludo de la ciudad.
Lamentablemente no hay ejemplos en la TV(que es definitivamente el rey de los mass media) de gay exitosos, con vidas iguales a los heterosexuales, que se levantan, se bañan y se van a trabajar como cualquier persona, que tiene sus momentos de felicidad, de tristeza, de erotismo, de romanticismo, de enojo...
Creo que por lo menos yo no veré nunca una novela gay en la tv que refleje mis aspiraciones sentimentales, pero lo que si se puede hacer es enseñarle a la sociedad que no somos diferentes a ellos, lamentablemente ignoro como se puede hacer, ya que somos unos pocos los que leemos másde 3 libros al año en este país, y no podemos contar con las "Marchas del Orgullo Gay" que no son más que un desfile de locas y de exhibicionistas que creen que están ahí para divertir a los transeúntes y para ver a quien se ligan en el trayecto.
Ernesto: Diste en el clavo con la clasificación de estereotipos. Creo que ahora que hay más visibilidad tenemos la oportunidad de demostrar que sólo una minoría cae en dichas clasificaciones.
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